Residentes, empleados, contratistas y visitantes en un mismo control. Se identifica, se autoriza, entra y queda registrado — sin llaves que se copian ni listas en papel.
Cinco pasos. Los mismos para un residente, un empleado o un contratista.
Residente, empleado, contratista o visitante, cada uno con su permiso y su horario.
Con la cara, un QR dinámico, la credencial o el documento, según la puerta.
El sistema comprueba el permiso en el momento. Si hace falta, el residente aprueba desde el celular.
El torniquete o la puerta abre solo para quien está autorizado.
Quién entró, a qué hora y por dónde, con minuta firmada.
Se eligen por puerta. La entrada principal no necesita lo mismo que el cuarto de máquinas.
Entra con la cara. Nada que portar, nada que prestar, nada que se copie. Es lo más cómodo para residentes y empleados fijos.
Para visitantes y contratistas: válido para esa visita y ese día. No sirve al día siguiente ni para otra persona.
Tarjeta o llavero para quien prefiere lo clásico. Se bloquea desde el software si se pierde.
Registro por cédula para el visitante que llega sin anunciarse. Queda su ingreso con hora y destino.
El control de acceso no termina cuando alguien pasa: sigue en la minuta, en la ronda y en el reporte.
El cuaderno de la portería se reemplaza por una minuta digital firmada, y las rondas del guarda quedan con su recorrido y su evidencia. La administración puede auditarlo.

Lo que entra en carro y lo que entra caminando se administran en el mismo sitio, con los mismos usuarios y los mismos permisos. No son dos sistemas que hay que conciliar.


Se anuncia, se autoriza desde el celular y entra con su QR.
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El equipo que abre solo a quien está autorizado.
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Entra con la cara: sin tarjeta, sin llave y sin nada que prestar.
Ver esta solución →Cuántas personas entran al día, cuántos son visitantes, si hay torniquete y qué hace el guarda a mano. Con eso le decimos qué se automatiza y qué no vale la pena tocar.