Torniquetes, pasillos rápidos y puertas automáticas conectados a la plataforma: se identifica la persona, se comprueba su permiso y pasa. Todo queda registrado.
Un torniquete suelto no controla nada. Lo que decide es lo que tiene detrás.
Cara, QR, credencial o documento, según la puerta.
Comprueba el permiso y el horario de esa persona, en el momento.
Traduce la decisión en la señal que libera el brazo.
Y el ingreso queda registrado con hora y punto de acceso.
Una portería de conjunto y el vestíbulo de una torre corporativa no necesitan lo mismo.
El más común en conjuntos y oficinas. Ocupa poco, aguanta uso continuo y es el de mejor relación costo-beneficio.
Para vestíbulos con mucho flujo: hojas de vidrio que abren y cierran rápido. Da mejor imagen y permite más gente por minuto.
Cuando hay que dar paso a sillas de ruedas, coches o carga. Suele convivir con un torniquete al lado.
Los brazos se liberan si falla la energía o se activa la alarma. No es opcional: es requisito de evacuación.
El lector va montado en el propio equipo: la persona se identifica y el brazo libera en el mismo gesto, sin detenerse a buscar dónde pasar la tarjeta.

Cuando entran cientos de personas en la misma media hora, el trípode se queda corto. El pasillo rápido deja pasar más gente y da mejor imagen en la recepción.

El torniquete ejecuta la apertura. Estos son los equipos que identifican a la persona y completan el control de acceso.
Ese número decide si va trípode o pasillo rápido, y cuántos carriles hacen falta. En la visita técnica se mide el espacio y se define el equipo.