Se acabó la portería llamando apartamento por apartamento. El residente autoriza desde el celular, el visitante llega con su QR y el ingreso queda registrado solo.
El flujo completo, desde que el residente invita hasta que el visitante sale.
El residente preagenda la visita desde el celular: quién viene y cuándo.
El visitante recibe el código. Es válido para esa visita y ese día.
Presenta el QR o su documento en la portería. Si no se anunció, se aprueba por citofonía.
El torniquete o la puerta abre. Nadie tiene que llamar a nadie.
Quién era, a quién visitaba, a qué hora entró y a qué hora salió.
Todo el mundo lo conoce, y nadie lo defiende.
El guarda marca al apartamento, espera, nadie contesta, el visitante espera en la puerta. Multiplicado por cien visitas al día.
Nombres a mano, letra ilegible y hojas que se pierden. Cuando hay un problema, no hay con qué responder.
La credencial que pasa de mano en mano y la clave que sabe medio edificio.
Entra el que dice que va al apartamento 302, y nadie comprueba si de verdad lo esperan.
La pantalla del guarda muestra si el visitante viene anunciado, a quién visita y qué permiso tiene. Si no está anunciado, el registro se hace con el documento en el momento.

El control de visitantes autoriza; estos son los equipos por los que la persona autorizada entra físicamente.
Con ese dato y con saber cuántas porterías tiene, le decimos qué necesita y qué no. A veces basta con el preagendamiento; a veces hace falta torniquete.